Por CARLOS ESPINOSA
En este 22 de abril las ciudades hermanas de Carmen de
Patagones y Viedma cumplen 247 años de existencia, contados desde este mismo
día de 1779. La población de la orilla norte del río Negro ha mantenido su
nombre prácticamente desde el momento fundacional, con ligeras variante como
Fuerte del Carmen, o El Carmen. En la banda sur se desarrolló durante un
siglo el asentamiento identificado como
Mercedes de Patagones, hasta que un decreto del primer gobernador de la Patagonia,
el coronel Álvaro Barros, el 4 de julio 1879 dispuso que esa localidad se
llamara Viedma.
¿CÚÁL HUBIESE SIDO EL NOMBRE DE LA NUEVA CAPITAL SOñADA POR
ALFONSÍN?
Poco después del inesperado lanzamiento del proyecto de
traslado de la Capital Federal al eje de Viedma-Carmen de Patagones-Guardia
Mitre un tema menor, pero de fuerte impacto popular, comenzó a debatirse en los
medios de comunicación. ¿Cuál sería el nombre de la nueva capital de la
República Argentina? se empezaba a preguntar la gente.
Estaba claro que
tenía que adquirir una denominación propia y específica esa ambiciosa nueva
ciudad, de diseño futurista, montada a caballo sobre el curso del río Negro
entre los actuales cascos urbanos de
Viedma y Patagones y la costa atlántica.
En algunos diarios de
Buenos Aires –en cuyas páginas la cuestión del traslado de la capital era
analizada con desdén y bromas
derrotistas- aparecieron algunas ideas sobre el nombre para el hipotético Nuevo
Distrito Federal.
Carlos Emérito
González, un dirigente político capitalino, lanzó la idea de “Argentia”.
Jugando sobre el nombre de la república; se decía que Alfonsín guardaba “in
pectore” el nombre de “San Martín” como gran homenaje al Padre de la Patria; y
no faltaban quienes, en otra vereda de la historia, tratándose de una capital
del sur pensaban que podía ser bautizada “Roca”.
El periódico “La
Calle”, medio escrito que siguió de muy cerca y con gran entusiasmo todo lo relativo al proyectado
traslado de la sede de los poderes públicos nacionales, convocó por entonces a
sus lectores. La propuesta fue que los propios vecinos de Viedma y Patagones
aportaran sugerencias sobre el nombre que se le debía imponer a la nueva
capital de los argentinos.
Un colega de la
prensa propuso “Perito Moreno”, con el argumento de que el nombre del fundador
de los Parques Nacionales le cabía como “anillo al dedo” a la nueva metrópolis
del sur, el mar y el frío.
Desde Carmen de
Patagones se lanzó otro nombre de enorme significación en la Patagonia:
Comandante Piedra Buena, aunque para ello era menester eliminar ese nombre de
una población santacruceña para evitar repeticiones.
Otros plantearon usar
el nombre del río en mapudugun –“Currú Leuvú”-,
y alguien imaginó que se podía
armar un vocablo compuesto con los tres factores de la invocación presidencial
“Riomarsur”, aunque sonaba más como el nombre de un complejo turístico que el
de una ciudad capital.
También aparecieron combinaciones con los nombres de las dos
antiguas ciudades hermanes cuyo enclave se tomaba de base para el asiento del Nuevo Distrito
Federal. Sugerían “Viedma de Patagones”, simplemente “Patagonia” o más
explícitamente “Patagonia del Mar”. En tanto “Capital del Sur” apareció como
una propuesta sencilla.
Pero en aquel número
del periódico “La Calle” del primero de junio de 1986, del que tomamos estos
datos, se publicó con argumentaciones de sostén la propuesta de un conocido
notario de Viedma, Héctor Daniel Gattó,
que este cronista se permite hoy recordar en algunos de sus párrafos, por su
originalidad y agudo sentido del humor.
El escribano Gattó
propuso como nombre de la soñada nueva capital argentina el de “Trinidad del
Sur y Puerto de los Buenos Vientos”. Explicó que la idea de la Trinidad, además
de su significación religiosa, resumía la idea de que el Nuevo Distrito Federal
se apoyaba sobre tres vértices: Viedma, Patagones y la ciudad moderna que se
construiría sobre el río.
Agregaba también que
“el señor presidente enunció tres signos; el sur, el mar y el frío , tres ideas
fuerza pregonando su nombre” y abundaba en otro argumento: “la vieja Buenos
Aires fue fundada dos veces, el nuevo emplazamiento concretaría la tercera fundación
de la Capital Federal” y añadía que “somos parte del Tercer Mundo y así debe
expresarlo en su nombre la nueva capital”.
El último punto de
apoyo a la propuesta de denominar al Nuevo Distrito Federal como “Trinidad del
Sur y Puerto de los Buenos Vientos”, según
esta original idea del escribano Héctor Daniel Gattó era el siguiente
comentario:
“No negamos un cierto
sesgo humorístico en el nombre completo que se propone. Forma parte también
de un cambio que debe operarse y que
sólo puede encontrar cobijo en un sistema democrático de gobierno”
Agregaba Gattó “toda
expresión de humor fue sistemáticamente segada por los gobiernos militares y es
preciso que, aún en los pequeños detalles,
sepamos diferenciarnos francamente de aquellos gesto adustos, sombríos y
de mirada torva”.
Concluía su
maravillosa carta al periódico “La Calle” diciendo “sepamos apreciar en la
gracia de un nombre antiguo la belleza fonética de la palabra ‘trinidad’, el
ritmo que le imprime ‘del sur’ y el humor de nuestra inseparable inclemencia:
el viento”.
Por Carlos Espinosa, tomando un texto de su libro “Perfiles
y Postales, crónicas de la historia chica de Viedma y Carmen de Patagones”,
Viedma, 2005. Capítulo 11, “Un sueño llamado Traslado de la Capital”, páginas
224 a 236
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