El Papa "está" Mapuche

Massaccesi y su experiencia de dos contactos con Juan Pablo II



(Especial para Noticias). Con la muerte de Juan Pablo II se fue un gigante del siglo que pasó, y un grande entre sus pares en la milenaria historia de la Iglesia Católica. Por su personalidad, por la época que le tocó reinar y sobre todo por sus acciones, Karol Wojtyla deja una huella imborrable. La caída del comunismo, el fin de la Guerra Fría, el hegemonismo norteamericano y el flagelo del terrorismo marcaron su tiempo. Protagonista principal reconocido por propios y extraños, amigos y enemigos, por los líderes de todos los países, de todos los credos y religiones.

Tuve el privilegio de estar en dos oportunidades frente al Papa. En 1986, en Viedma, cuando por expreso pedido del presidente Raúl Alfonsín se incluyó a la capital de Río Negro entre las ciudades que formaron parte de su periplo argentino con el advenimientos de la democracia.

La intención de Alfonsín era consolidar la decisión del traslado de la Capital Federal, y para el gobierno de Alvarez Guerrero constituyó un complejo desafío, y dolor de cabeza para el entonces ministro de Obras Públicas Saint Martín, que tuvo que construir rápidamente un playón de cemento que prolongara la pista principal del aeropuerto.

Mi percepción es que en Viedma no se reunió la multitud esperada. Existió una suerte de acotamiento en el mensaje convocante, realizada sobre el eje de los pueblos originarios, principalmente los mapuches.

Por esos días no eran muy fluidas nuestras relaciones con el obispo Esteban Heysaine, con quien sobre el final de mi mandato como gobernador logramos un sincero y afectuoso trato, del que guardo el mejor recuerdo.

De la colorida y emotiva jornada mucho se ha dicho. Al pie de la escalera del avión papal sólo se permitió la presencia del gobernador y su esposa. Los demás, yo era diputado nacional, saludamos al finalizar la ceremonia, antes de que Su Santidad abordara el papamóvil para regresar al avión.

Allí fui testigo de un chispeante diálogo, o mejor dicho una serie de afirmaciones donde cada uno llevó agua para su molino. ¿Cuántos habitantes hay en "cuesta reggione"? preguntó el Papa, mezclando italiano con español, con la clara finalidad de cuantificarr la convocatoria. En Viedma, unos treinta y cinco mil, se apresuró a precisar Hesayne, para potenciar la movilización. En la provincia casi quinientos mil, dijo Alvarez Guerrero para preocupación del obispo.

Entre las varias imágenes de ese día histórico me queda la vívida emoción y entrega de la gente que sólo la fe puede lograr. Y la espontánea, simpática y afectuosa afirmación seguida de una gran sonrisa de Juan Pablo II al colocarse el poncho que le obsequiaron exclamando "ahora el Papa ’está’ mapuche", que arrancó una ovación.

En el Vaticano

Mi otra experiencia fue en el Vaticano, acompañando al presidente Alfonsín, como parte de una gira por Italia, Alemania y España. Menem ya era candidato del justicialismo y había sido recibido por el Papa.

Alfonsín estuvo a solas unos veinte minutos con el Pontífice y el gobernador neuquino Pedro Salvatori, ansioso por la llegada de nuestra oportunidad de ingresar a saludar al despacho papal, me preguntó sobre qué pensaba que hablarían tanto el presidente y el Papa. A mí me parece que Alfonsín está diciendo que a el país no está tan mal, resaltando lo bueno del panorama, es decir está intentando neutralizar todo lo malo y preocupante que seguramente describió Menem.

Salvatori, católico practicante, me miró algo incrédulo y aproveché para redondear mi impresión. Estamos acá por el excepcional papel político de la Iglesia en Argentina, y hay elecciones presidenciales en medio año. A continuación pasamos al recinto privado. El Papa estaba espléndido. Alfonsín, parado a su lado, nos iba presentando. Sobre la marcha resolví lo que para mí era un dilema: cómo saludar. Para los creyentes, el arrodillarse y besar el anillo forma parte de la liturgia. Extendí mi mano derecha y no pude evitar acompañar con la izquierda, siendo naturalmente correspondido. La fotografía que ilustra la nota refleja el instante, para mi inolvidable.

Luego que Alfonsín mencionó mi nombre y mi condición de gobernador de Río Negro cerré su comentario recordándole a Juan Pablo su paso "por Viedma, la capital, donde tuvimos el placer de recibirlo, padre".

Pedro Salvatori rescató su pertenencia a la provincia natal de Laura Vicuña, que fuera beatificada en oportunidad del paso del Papa por Bahía Blanca. Dante Caputo, Juan Sourrille, Ruiz Cerutti, Carlos Bastianes completaban la delegación.

Horacio Massaccesi (*)

FUENTE: Diario Noticias Net. http://www.noticiasnet.com.ar/?se=11&id=31392
(*)Con la muerte del Papa se reavivan y potencian estas vivencias. No tengo ni formación ni pertenencia católica. Pero siempre me quedó claro que la figura de este Papa excede a la Iglesia, y la luz propia que largamente probó tener, ahora será toda una llama en la historia de la humanidad.

Ante un nuevo aniversario de aquel anuncio de Alfonsin

COLUMNA ABIERTA
Por Pedro Oscar Pesatti


«Es indispensable crecer hacia el sur, hacia el mar y hacia el frío, porque el sur, el mar y el frío fueron casi las señales de la franja que abandonamos, los segmentos del perfil inconcluso que subsiste en la Argentina» dijo Alfonsín aquel mediodía del 17 de abril de 1986 al formular su ambicioso proyecto de trasladar la Capital Federal a nuestra región.

Los medios de todo el país y de las más importantes cadenas internacionales cubrieron el acontecimiento.

«Diez mil personas» -consignaron los diarios- «escucharon el mensaje presidencial desde los jardines del Ministerio de Economía de la Provincia, frente al río Negro y a la vecina Carmen de Patagones».

Viedmenses y maragatos, pero también de otras localidades de la provincia, siguieron atentamente aquella decisión que los convertía en protagonistas del proyecto, en receptores directos de una transformación cuyas consecuencias dejó hondas marcas en Viedma y Patagones.

«Los argentinos debemos ser pioneros, debemos marchar hacia nuevas metas con cantos de pioneros, enfrentando los esfuerzos necesarios, con la dignidad recuperada de los hombres libres, con la alegría de una libertad creadora» afirmó Alfonsín en «ese mundo de gente que no podía salir de su asombro».

Durante el discurso, el ex-presidente no ahorró fundamentos históricos y geopolíticos para justificar la iniciativa. «La Argentina fluvial de Sarmiento fue un gran sueño para la interconexión nacional y regional, y ese sueño, que tenía un nervio tensor en el río Bermejo, fue recogido en su momento por Hipólito Yrigoyen. Pero ya no alcanza la idea de una Argentina fluvial, sino que es necesario ir a la búsqueda de la Argentina dinámica», de una Argentina que para Alfonsín debía proyectarse hacia el mar patagónico.

«La Argentina oceánica empieza mucho más al sur de esta vía fluvial madre, que es el río de La Plata: empieza girando la provincia de Buenos Aires, buscando, antes del golfo San Matías, un nuevo centro de gravedad en el río Negro y en una desembocadura que aferra a todo el litoral marítimo de la Patagonia, mirando hacia la Antártida y buscando una suerte de identidad geográfica renovada, pero muy específica de la Argentina, que es la identidad de la Argentina sureña, que es la posibilidad de aproximar al polo sur al territorio tradicional del país».

«El avance hacia el sur, hacia el mar y hacia el frío - explicó a la multitud- significará también para el país nuevas e importantes perspectivas para la explotación marítima. El país se prepara para ingresar en el siglo XXI y los grandes espacios constituirán uno de los signos necesarios de un tiempo en que se hará conciente la lucha del hombre contra la contaminación ambiental, la falta de franjas verdes, la lejanía de los campos fértiles y la carencia del sol, datos propios de las grandes aglomeraciones humanas».

Varios días antes del anuncio presidencial, algunos helicópteros pertenecientes al Instituto Geográfico Militar habían sobrevolado la comarca. Se dijo que estaban fotografiando la región. Pero, ¿para qué? Los rumores se hacían oír. Los escépticos festejaban «semejante locura que no cree nadie».

Sin embargo, con el correr de los días se fueron develando los indicios de un gran acontecimiento. La noche anterior, cuando ya se había anunciado la visita presidencial y el anuncio había sido formulado por la cadena nacional, la comarca esperó consumida por la ansiedad la llegada de ese día. Lentamente la multitud fue cubriendo el amplio parque del Ministerio de Economía. Cientos y cientos de viedmenses y maragatos, en una movilización jamás vista hasta ese momento, sintieron que por fin la historia se había acordado de ellos... aunque poco debía pasar para que aquel proyecto deviniera en un fracaso cuyas consecuencias se proyectaron hasta nuestros días.

FUENTE: El Cordillerano, 13 de abril de 2005. http://www.elcordillerano.com.ar/