Rodriguez Saa, Alfonsin y el fulgor de Viedma

Fernando del Corro/ Agencia Télam




La propuesta de Adolfo Rodríguez Saá para trasladar la capital del país al interior si es que logra, primero, ganar la interna justicialista y, luego, adueñarse de las elecciones presidenciales, es un buen ejercicio para los memoriosos.

Ya, dieciséis años atrás, Raúl Ricardo Alfonsín había provocado un gran revuelo al confiar la misma intención, pero con un destino definido: Viedma, sede del gobierno rionegrino.

En medio de la crisis económica, cuando el plan Austral estaba seriamente averiado y se avecinaba un comicio que iba a ganar la oposición peronista, el 21 de julio de 1987, el entonces jefe del Estado bendecía el Ente para la Nueva Capital (Entecap).

Para ello, el nuevo organismo debía tener un presupuesto de 4.600 millones de dólares a invertir, prioritariamente, en edificios para el funcionamiento de los tres poderes del Estado.

Voces cantantes del ambicioso proyecto eran el hoy diputado nacional Aldo Neri (UCR-Capital Federal), por entonces a cargo de la comisión nacional Patagonia, y el titular del Entecap, José María Bacigalupo.

La iniciativa --lanzada por Alfonsín el 16 de abril de 1986 y el plan Austral estaba en su ciclo ascendente-- fue convertida en ley cuando ya las cosas se habían complicado.

Al dejar de existir el Entecap, casi cuatro años más tarde, durante el primer mandato de Carlos Menem, nada se había hecho salvo mover algunos papeles e incurrir en ciertos gastos operativos.

Tener una sede en Viedma y otra en Buenos Aires, varios vehículos y pagar los sueldos de 110 agentes implicó, en ese lapso, erogaciones por 22 millones de dólares.

Cuando se votó el pedido de Menem para anular el traslado (1991), el entonces presidente del bloque de senadores oficialista, Alberto Rodríguez Saa (PJ-San Luis), pudo decir que ya había sido derogada por votación del conjunto de la sociedad.

En el ínterin, además de esos gastos, se incurrió en otros, como los correspondientes a las visitas del presidente brasileño José Sarney, al que Alfonsín le pidió consejos sobre la experiencia de Brasilia, y de técnicos franceses especializados en el desarrollo de pequeñas ciudades.

Cambio de planes. Cacheteados por el veredicto electoral de 1987, el líder chascomusqueño y su ministro del Interior, Enrique "Coti" Nosiglia, buscaron otras salidas. Acosado por la lupa inquisitiva de varios legisladores, el zar de la economía, Juan Vital Sourrouille, quiso disminuir las partidas superfluas.

El diputado Alberto Natale (Partido Demócrata Progresista-Santa Fe) --hoy el principal precandidato presidencial del novel Movimiento Federal Argentino-- fue el más consecuente opositor al traslado e insistió con la derogación de la ley.

El paisaje humano-económico de Viedma, mientras tanto, sufrió una súbita transformación: recibió ocho mil nuevos habitantes, procedentes de distintos puntos del país, y los precios de las propiedades se habían multiplicado por doce.

Las legislaturas de Río Negro y Buenos Aires cedieron, para la nueva capital, las 310.000 hectáreas de Viedma-Guardia Mitre y las 180.000 de Carmen de Patagones, respectivamente.

Si bien algunos diputados avalaron, la aprobación tuvo importantes cuestionamientos. Antonio Francisco Cafiero (PJ-Buenos Aires) y Diego Guelar (PJ-Buenos Aires) fueron dos de los principales impulsores para la queja.

"La Patagonia necesita fábricas, no escritorios", sostuvo el ex gobernador bonaerense. El actual embajador ante los Estados Unidos fue más lejos y manifestó que el traslado de la capital no puede quedar sujeto a una prioridad regional.

Desde el Senado, Fernando de la Rúa (UCR-Capital Federal) --¡quien lo diría con lo que pasó quince años después!-- fue uno de los más fervientes defensores de la jugada alfonsinista.

Sentado en otra banca del mismo recinto, Alberto Rodríguez Saá --hermano, obviamente, de quien fuera presidente de la República por siete días en diciembre pasado-- calificó al plan como inconsulto, incoherente, gatopardista e inviable en medio de la economía de guerra anunciada por el propio Alfonsín.

Pocos años después, ya fuera de la Casa Rosada y en ocasión de visitar Viedma --donde las ocho mil personas que habían engrosado sus censos demográficos se habían marchado y los inmuebles habían recobrado una cotización más terrestre--, Alfonsín reiteró su fe.

"Voy a volver a plantear esta iniciativa mientras viva", insistió. Pero el tiempo fue pasando y el ex presidente no volvió sobre el asunto. Rodríguez Saá, sí. Ya recogió el desafío. Pero no divulgó el sitio elegido. ¿Será San Luis?

Publicado el lunes 22 de Julio de 2002 en el diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca, República Argentina